El Libertino

26 03 2008

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Veintipiquito, inglés, nuevo, pop… en fin, una monada.
Hoy le dedico un rato a Patita, A.K.A. Patrick Wolf.

La manera en que lo descubrí es, a esta altura, dudosa… recuerdo que vi su foto por alguna parte en la web y dije… “Wow, mirá la pinta de este chabón!” y bueno…bajé la foto y me quedó en la compu – gracias a Dios – con el nombre incluído.
En la foto, el pibe tenía el pelo colorado furioso y un violín en la mano. Yo pensé que era una especie de Vanessa Mae occidental, que era violinista o algo así. La foto sólo dejaba ver eso…
Un día me grabo el nombre en la cabeza y salgo para el ciber. Escribo el nombre en You Tube (léase “Iutubí”) y bueno… aparece el video de “Wind in the Wires” del flaquito en cuestión.
El auricular se oía medio feo, viste? Pero lo que se podía deducir era: mucho glamour, una onda medio oscura – tal como los Depeche Mode o los Erasure sin el éxtasis ni el daiquiri rosado; una voz profunda, una melancolía medio sensaul medio chiquilina. Un caramelo.
El tema sonaba bueno.
Como en esa época no gozaba de los beneficios del internet en casa, o más o menos en casa (entiéndanlo de una vez… por eso es que no escribo! Vivo en una pensión en Capital Federal, no tengo garantía propietaria ni coraje para comprar una trucha!) y tuve que esperar a volver a Santa Fe para bajarme los discos.
Me bajé todos los discos y uno más. Uno de Remixes y rarezas.
Igual es bastante loco tener 24 años, tener 3 discos afuera, uno de remixes y (¡¡¡) rarezas (!!!) y NO SALIR EN MTV!!

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Escuché, escuché, escuché, escuché, escuché, escuché, escuché, escuché, escuché, escuché y escuché.

Y llegué a la conclusión de que recontra vale la pena. Sip.

Después de leer parva sobre el pibe en Internet me dí cuenta de que el flaco es objeto de discusión en más de un ámbito artístico/(no) artístico. Que se peleó con Mika en su Myspace (bahhhh, quien no lo hubiera hecho)… alegando que Mika era una vagina y comparándolo con Enrique Iglesias. Después que el chico me sale en las revistas para chicas porque se viste re top y porque todavía nadie parece creerle cuando su cara grita desgarradoramente lo glamorosamente gay que se ve. Que se me enoja, porque le dicen “Baby Bowie”, que se enoja porque no le dicen nada. Que prefiere Estados Unidos, porque ahí “lo entienden”. Porque es más que un chico lindo, pero a la vez modela para no-se-qué marca.
Es una histérica. Un divinor y eso se trasluce en lo que importa: la música.

3 discos y uno de rarezas como dije.
El primero fue Lycantrophy, una obra maestra del beat ochentoso, nacido en el año 2000… El disco debut del nene lo encuentra en algún lugar entre la infancia y la adultez. Él mismo se cansa de hablar de la caída de su voz y hace, a la vez, del pop un lugar de rebeldía y enojo muy raro. Él mismo dijo, una vuelta que hacía pop porque hasta el espacio rockero se le antojaba como muy estereotipado… y, después de todo, razón tiene.
Wolf es el primero que me hizo pensar en eso: si hacés rock, sos rockero y si sos rockero sos de una determinada manera. Y, para vergüenza de todos – o por lo menos la mía de cabeza – sólo unos pocos hicieron rock a la manera que se les cantó y siguieron haciendo rock y siguieron siendo lo que se les cantaba ser: léase Bon Jovi, por ejemplo. Se que algunos lectores van a saltar como pequeñas langostas diciendo que eso no es rock ni es ser rockero; pero la realidad decanta por si misma. Bon Jovi tampoco era ni Enrique Iglesias, ni Mika… y claro está… tampoco era una vagina.
Patita tampoco, sino que se parece más a un híbrido entre Madonna, la susodicha Vanessa Mae y… no se… Morrisey o Ale Sergi, quien sabe. Pero es una dulzura encontrar canciones, por ejemplo, como lo es “Childcatcher”…
Dios! Si lees la letra de ese tema! Es un asco, es la cosa más falta de poesía y sutileza que te puedo recomendar que escuches, pero a la vez eso provee la delicia de darte cuenta de que este pibe esta completamente virgen (ojo! es una manera de decir) de cualquier cosa que pueda apestar en la música moderna. Las letras son viscerales, el ritmo es pegadizo, básico, rudo y las melodías – cuando se re copa con cualquiera de los 23 instrumentos que sabe tocar – es deliciosa, es dulce como la que incide en la imagen mental que tenemos de la hija más tierna de los Ingalls.

Wolf es una joyita, es un niño prodigio: es fiero, pero super adictivo. Hace pop para rockers, eso también es así. Su mensaje es un mensaje sanguíneo pero delicado y esto lo acerca mucho, mucho a la idea más bruta que tengo de la belleza. Y su música es una bestia hermosa: en definitiva una mixtura muy bien delineada de música electrónica y clásica; de influencias tipo Björk, Kronos Quartet, Erasure y Bowie. Una cosa muy elevada para lo que a pop se refiere hoy en día.

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Demás está decir que Patrick Wolf te inspira setentismo británico a mansalva. No le faltan los brillos, ni el make up, ni los escándalos sobre plataformas. Hasta él mismo tiene las bolas rotas de tanto aparecer en revistas de moda para chicas en el Reino Unido. Por eso parece gustarle mucho más Estados Unidos, en el que – según mis propias investigaciones – es simplemente un raro-marica-inglés más… y nada más.

No busques en MTV, ni en MuchMusic, ni en Rock&Pop… ni siquiera en el video maní de ISat porque NO… LO… VAS… A… ENCONTRAR!!!
No aparece. El mejor medio para engancharlo visualmente es, obviamente iutubí, ya les dije.

Sus otros dos discos; el segundo: “Wind in the Wires” y el tercero “The Magic Position” son tan divinos como diferentes del primero. Parece que Patita creció de un momento para el otro y, raramente, el segundo disco se vuelve mucho más oscuro, más críptico, más profundo y más romántico que el primero… Y sin mencionar que, para sorpresa de todos, el tercero es pura luz y chingui-chingui… o más o menos. Por lo menos lo chillón del chico también trae de su mano la madurez musical. Eso no se duda. The Magic Position se da lujos pendejiles increibles; como Magpie, el tema que el nene canta con Marianne Faithfull (si la viejecilla que siniestramente hacía “Laaaaa-laaaa-laaaa-laralaaaa” en el tema “The memory remains” del Reloaded de Metallica y que no sé que historia tuvo con Mick Jagger 700 millones de años atrás cuando los dos eran de… mediana edad.) O como los riffs de violines, y el zapateo grotesco, y la sutil reminiscencia medio blusera de chica que canta retorciéndose sobre el piano de un oscuro y tufiento bar del bajo Londres (Enchanted, Augustine).

Menos melancólico que el hermoso y azulado “Wind in the Wires”, que fue un disco más pelotudito; para decirlo lisa y llanamente. Y aún así una obra musical preciosa y esperanzadora respecto de las pobres expectativas que siembra esta generación de jovenes en los ojos cerrados de las anteriores.


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